5 ene. 2014

El tesoro de nuestro siglo....el tiempo


“Estamos hechos de tiempo. Somos el tiempo que nos queda”
Caballero Bonald.




Tras un tiempo de calma en mi ciudad natal retomo mis obligaciones con el deber. La vuelta en tren a la urbe me transporta hacia un deambular de pensamientos superpuestos, que cobran su forma en la palabra TIEMPO.

Comienza mi proceso mental, en el cual, me pregunto:

¿Por qué no tener más tiempo para disfrutar del momento presente? ¿Por qué debemos circular a un ritmo tan frenético, en el que el tiempo se desliza como arena entre los dedos?

Puede que estos planteamientos resulten exagerados, desorbitados, y algo disparatados para una joven que llega de nuevo al sabor rítmico que envuelve la gran ciudad. Llego de nuevo a los días de madrugar, de correr, de trabajar en la oficina, de volver a casa… y sentir la extraña sensación de que el tiempo transcurre demasiado rápido. 

Quizás mi concepción de la vida es bien distinta a la mera sucesión de impactos sensoriales y emocionales - ruidos, polución, aglomeraciones, atascos, consumismo frenético….-  propios de las grandes urbes, actuales centros de ofertas de trabajo y masificaciones profundas.

Considero las ventajas que atraen a una gran ciudad, la diversidad cultural, el abanico de personas que la componen, la disparidad de gastronomía culinaria que saborear, los bares que descubrir, las calles por las que deambular…Sin embargo, se necesita tener tiempo para disfrutar. 





Y en esta estela de añoranza hacia una vida más auténticamente pausada, es donde la palabra TIEMPO cobra su mayor sentido.

Y es precisamente en esta concepción de temporalidad, donde la pausa sucede al ritmo, surge el movimiento SLOW-CITY, o lo que es lo mismo, “ciudad lenta”.

Fue en 1999 cuando regiones de Italia como Bra, Orvieto, Positano y Greve in Chianti pusieron en marcha este movimiento de ciudades lentas.

Estas regiones habían observado como el frenesís de la vida diaria había deshumanizado a los ciudadanos, se había producido un notable deterioro del patrimonio de la ciudad, un desmejoramiento de su hábitat y su entorno, además de una pérdida del placer por la comida tradicional.

Y es que, antes que yo y mis planteamientos disparatados, Pier Giorgio Oliveti, Director y Secretario General de la Cittaslow Internacional,  acuñó un postulado sobre vida tranquila: "Una ciudad con alma, que trata de manera holística de manejar la vida con tranquilidad".  

En la actualidad son más de 176 ciudades de todo el mundo- Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Holanda, Portugal, España, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Turquía, China, Canadá y Estados Unidos-  adscritas a este movimiento que late, a su propio ritmo, en los compases de la lentitud y la calma.

En nuestro país son seis los municipios adscritos ya a este movimiento, conocida como

Begur (Girona), Bigastro (Alicante), Lekeitio (Bizkaia), Mungia (Bizkaia), Pals (Girona) y Rubielos de Mora (Teruel).  

¿ Qué requisitos deben reunir las ciudades para convertirse en un centro de paz y tranquilidad?

   La aplicación de una política medioambiental basada en promocionar técnicas de recuperación y reciclaje de los residuos.

   La política urbanística ha de servir para mejorar el territorio, no para ocuparlo.

   El uso de los avances tecnológicos para la mejora de la calidad del medioambiente y núcleos urbanos.

   La promoción de la producción y uso de productos alimentarios obtenidos mediante técnicas naturales y  compatibles con el medioambiente, sin incluir los productos transgénicos e implantando, si procede, servicios propios de defensa y desarrollo de producciones autóctonas.

   La potenciación de las producciones autóctonas vinculadas al territorio: se mantienen las tradiciones más ancestrales y se promociona la relación entre los consumidores y productores de calidad.

   La potenciación de la hospitalidad y convivencia entre los habitantes y turistas.

   La concienciación tanto de los habitantes como de los operadores turísticos sobre lo que significa el hecho de vivir en una ciudad slow y sus repercusiones, dedicando especial atención a la sensibilización de los jóvenes mediante planes de formación específicos.

   La población de las ciudades de la red no puede ser superior a 50.000 habitantes.

Aunque nos toque vivir en la esfera de la inmediatez, del frenesís diario y de la lucha por la supervivencia, conviene tomarse un respiro, alejarte del mundanal ruido impostado en las grandes ciudades, y regresar a tus orígenes del tiempo pausado y la tranquilidad.  

Recomiendo el manifiesto Despacio, Despacio de María Novo, 20 razones para ir más lentos por la vida. 

"El problema de los ritmos rápidos, de la aceleración, es típicamente un problema ligado a nuestro estilo de vida y al despilfarro. Por ello conviene reflexionar sobre este tema: la búsqueda del verdadero bienestar colectivo que se asienta en el equilibrio ecológico y la equidad social". María Novo. 


"La verdadera felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días" Benjamín Franklin.