31 oct. 2014

Me despierto agitada. "Autorretrato de un joven capitalista"


Me despierto agitada.







Soy un pasaje del tiempo que se desvanece.
Un infinito continuo que se materializa entre dos nadas.
Soy un despertar nuevo. Una conciencia abierta. Un abrir de ojos. Una perturbada noche agitada.
Me agita la noche porque la conciencia me golpea.  
Cruce de reproches. Quiero. Debo. Tengo. Soy. Espero. Exijo. No puedo. No sé. Miedo. Dudas. Sola. Ahora. Puedo. Sé. Caminante. Cambio.

Pensamientos activos de un ego dominante
Lucho en la noche por ganar la batalla.
Como Ser quien Soy. Contribuir en este mundo entre dos nadas.
Y me sale esta reflexión tras mi noche agitada.

El culpable, un tal Alberto San Juan, quien aturdido por la caída en picado de su vida, despertó en la cuneta de un vacío existencial que le llevó a un profundo periodo de reflexión. Quién soy. Qué mundo es este.
En esa estela de argumentación. Opinión. Y desnudez. Sentí que mi ser se abría.
Fue un diálogo en silencio que compartí con él. Mientras la actuación cobraba vida. Por dentro despertaba la mía.

¿¡Qué mundo es este!?
Qué poderes versan sobre las limitadas libertades humanas.
Qué hipotecada está la existencia humana.
Qué inquebrantable parecían los muros de la ignorancia.
Qué magistral mediocridad educativa reciba nos hizo vagar adormecidos.
Qué principios sin finales podemos impartir sin ética ni moral.
Cómo salir del fangoso miedo del poderoso. Del arrogante corrupto político. Del banquero crediticio que infecta con veneno los ahorros del viejito.
Qué sociedad es esta que cimienta sus cimientos de ladrillos de egoísmo y hormigón de avaricia.  
Qué legado dejaremos a los venideros, inocentes de esta barbarie humana.

¿¡Qué manera de despertar es ésta!?
 Cuando la hostia conciencia te golpea mientras duermes.
Agitada en la mañana. Intento seguir con mis quehaceres obligatorios. Impuestos. Aquellos que alimentan mis bolsillos. Mi alquiler. Mis salidas y vinos. Ese yo que impera y domina mi vida.

Hoy. Sin embargo, el espécimen de mi yo es arrastrado por una fuerza silenciosa, que cabalgó a oscuras en la noche pasada. Despertar. Vislumbrar. Contribuir. Cambios. Armonía. Justicia conjunta en la sociedad ciudadana.

Versan en mí la inquebrantable necesidad de contribuir a difundir la necesidad de acudir a levitarse con la obra “Autorretrato de un Joven Capitalista” (aunque sin ser joven ni capitalista).

Lloré emocionada al darme cuenta que en la deriva hay esperanza. Que el mundo es vivido también por personas vivas. Que despertaron del adormecido capitalismo devastador. Y descubrieron que el ser humano. Es un ser. Que siente. Que ama. Que disfruta. Y al que la sonrisa por la vida, los placeres de la conversación de antaño, el coayudar a los demás, la acción ciudadana y la ética compartida debe ser devuelta a la generación que despierta. A la sociedad dormida.

Desde este espacio quiero contribuir con esta aportación. Dosis de cafeína ética.

Autorretrato de un joven capitalista.

Dos horas en las que deleitarse con el joven capitalista que decide desnudarse.
El personaje se convierte en sonante ser. Sin tapujos. Sin disfraz social. Argumentado por un periodo de búsqueda. Lanza al público ciertos interrogantes sobre las fichas movidas a lo largo de la historia española, que a día de hoy, cuesta dar respuesta.

 Manos que mecen la cuna española. Reparticiones del pastel privado y expropiación de los servicios públicos. Magistrales juegos de tablero político. Blanco o Negro. Izquierda o Derecha. Estancamiento permanente. Democracia ficticia. Ilusorio festín de la propiedad. Sin ser dueños de nada nos creímos propietarios de todo. Casas, coches, joyas y festines cuyo titular, el señor banco nos hizo creer que nuestro es. Tupido velo.


No quiero reprochar la arrogancia del hombre. La desmesurada actuación de la revalorización. El reproche. El despilfarro. Culpables fuimos todos. No seamos ahora santos de un acto vandálico. La piedra social fue tirada en más o menos medida, empujada por todos. Cierto. Lo asumo. Pero avanzo. Despierto. Y cambio. Somos seres. Que viven entre dos nadas. Que pueden caer y levantar las veces  necesarias. Que aprender es de sabios, es bien sabido. Que un mundo nuevo es hoy. Ayer forma parte de la huella del pasado. El futuro lo dejamos para el devenir. Pero la vida se vive en el presente. El ahora. El enemigo  es el miedo  acompañado de ignorancia.


El despertar está en marcha. Cafeína para la noche agitada. Ábrete a la vida. Y contempla la obra de Alberto San Juan en el Teatro del Barrio. Madrid. Visita obligada si te dejas caer por aquí.

Gracias.



30 oct. 2014

Actívate al cambio



El coaching apareció en mi vida como el resto de cosas insustanciales que con el tiempo se convierten en fervientes emisarias de mi destino ( lo fue la comunicación, la formación en habilidades comunicativas y el teatro)

Cabalgaba en la búsqueda de la auto-realización profesional. En esa estela de insufrible búsqueda hallé el conocimiento profundo que el coaching trajo a mi vida personal.


Plenitud. Conciencia. Compromiso. Contribución.

El sentido de la vida es un concepto demasiado abstracto que pocas personas llegan a verbalizar. Hablar en estos términos, hasta ahora, se consideraba de personas místicas, ajenas a la realidad, sin ganas de trabajar.

Estamos educados, o mejor dicho, domesticados, para no hacernos esta clase de planteamientos. Es tan fuerte la corriente de la marea del sistema que pararse siquiera a reflexionar sobre la deriva humana le hace a uno sentirse culpable por ello. ¿Cómo puedo quejarme si tengo trabajo?. ¿Cómo voy a pensar siquiera en hacer lo que realmente quiero? ¿Cómo soy tan egoísta? Nos auto-corregimos. Nos auto-corrige el entorno. Y seguimos arrastrados  por la deriva social hasta el fin de los días.

No estamos preparados para cabalgar por las contracorrientes de la sociedad. Dejarse llevar por la marea social es el camino más fácil. Más conveniente. Demasiados contrarios pueden desajustar los cimientos inquebrantables de una domesticación profundamente arraigada en la sociedad. O eso creemos creer.

Si buceo en lo más profundo de mi, me doy cuenta que la tipicidad es un concepto que he intentado siempre no asumir como propio. A mi modo de ver, es la comparación el peor de los pecados. Los grados comparativos injustamente establecidos. El ser humano en su naturaleza ya es genuinamente único. Incomparable a otros seres.

Todos hemos venido a la vida a encontrar nuestro sentido. Nuestra meta. Puede que unos la encuentren fácilmente, otros pueden tardar toda una vida en darse cuenta. Y hay quien la encuentra pero prefiere dejarla ir.

Yo encontré la mía no hace mucho. Buceando en esa estela de profundidad humana descubrí que los impulsos internos por salirme de la corriente habían sido sentidos por otros. Que los planteamientos profundos que me hacía a mí misma habían sido sentidos por otros. Me di cuenta entonces, que la potencialidad humana radica en la contribución. En compartir con los demás nuestras potencialidades. En elevarnos de lo meramente establecido. En dejar hacer aquello que hemos venido a hacer aquí. En no sentirnos culpables por pensar que otro modo de hacer es posible. En sentir que otro modo de contribuir es posible.

Utopía para unos, Realidad para otros.

Abogué por ser fiel a mí misma. Me desprendí de las cadenas auto-impuestas. Comencé a potenciar mis potencialidades. A no estar alineada con la comparativa del entorno. A ser únicamente yo.

Y es aquí, donde las causalidades de la vida, (y no casualidades, como diría una buena amiga) hicieron que el Coaching llamara sin avisar e irrumpiera en las profundidades de mi ser. De este modo, decidí que el sentido de mi vida sería contribuir a hacer que las personas lleguen a elevarse hacia el camino del auto-conocimiento, a elevar la conciencia humana para que halle su sentido, a armonizar la vida personal y profesional de los seres humanos.

Ahora resuenan en mí las famosas palabras de Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar.

La contribución que puedo hacer desde aquí es que, la meta o el sentido de la vida puede ser lo que nos guíe a movernos, sin embargo lo que nos hace elevarnos como personas es precisamente la experiencia de descubrir ese camino, los compañeros de viajes que encontramos mientras caminamos hacia la búsqueda de nuestro sentido. 

Siento en mí una profunda necesidad de contribuir a que este espacio pueda convertirse en un compañero de ese viaje que algún día emprenderás. Te ilustraré tus días con libros, autores, películas, referencias y ocurrencias varias, que puedan ayudarte a dar ese salto cuántico llamado felicidad.

Actívate al cambio.


Anna Alonso. Coach. TU&YO
annaalonsopardo@gmail.com